Bruselas, 14 de junio de 2026 – Freedom Not War
El llamamiento abierto de los Centros Sociales Autogestionnados de las Marcas (costa este de Italia) hacia la movilización “Welfare not Warfare”
De nuestras asambleas de debate y análisis sobre la guerra ha nacido el llamamiento que reproducimos a continuación; en él se resumen los contenidos que nos han inducido a participar en la manifestación que se celebrará el 14 de junio en Bruselas.
El llamamiento no está firmado para que quienes se identifiquen en él puedan hacerlo suyo
Centros Sociales Autogestionados Marcas – Italia
FREEDOM NOT WAR
Contra la guerra que alista ciudades, vidas, territorios
Practicar la autonomía de las luchas y de los movimientos
Si bien vivimos en territorios alejados de los bombardeos, la guerra está a nuestro alrededor.
La guerra alista nuestras vidas, nuestros recursos, nuestras ciudades.
La guerra expropia bienes y riquezas desviándolos de las necesidades sociales hacia las arcas de los fabricantes de armas, de las lobbies de los combustibles fósiles y de las big tech.
La guerra doblega la cultura y la información a su propaganda.
La guerra mata, destruye y transforma al mismo tiempo, impone su economía, cambia el mundo según las estrategias de supervivencia y expansión de los capitales y de los mercados.
Esta guerra es global y fundacional: no sirve para resolver crisis circunscritas sino para trazar nuevos mecanismo generales de ejercicio del poder y del control de los recursos.
Sólo quedan escombros del entramado de las instituciones internacionales acreditadas, supuestamente, para la mediación de los conflictos y la garantía de los derechos fundamentales tanto individuales como colectivos: la retórica de las naciones unidas y de la civilización jurídica han muerto con el genocidio del pueblo palestino.
Incluso las instituciones internas de cada país de un Occidente que lleva desde siempre contándose como la cuna de la “democracia” están viviendo un presuroso cambio.
Nuevas leyes han restablecido los delitos de opinión y han reducido de manera tajante los espacios de crítica, mientas se proporcionan más poderes a la policía y se impulsan medidas carcelarias con el objetivo de perjudicar rotundamente todo tipo de insubordinación.
No es un “giro autoritario” imputable sólo a los gobiernos de derechas: es un proceso amplio y complejo en el que participan también los llamados gobiernos “progresistas” y las decisiones políticas de las izquierdas institucionales. Las políticas criminales llevadas a cabo por la Unión Europea y la Comisión Europea visibilizan cómo las responsabilidades políticas son transversales en cuanto a la guerra, al rearme y al genocidio del pueblo palestino.
Tanto las llamadas a la ONU y al derecho internacional como la propaganda electoral de aquellas fuerzas que sólo quieren aprovecharse del momento para conquistar escaños, no son más que palabras vacías, que no quieren realmente asumir hasta el fondo la realidad de lo que está sucediendo.
En cambio, comprometerse plenamente con la realidad histórica que estamos viviendo es necesario para poder organizar de manera eficaz nuestra respuesta. Las movilizaciones contra el genocidio del pueblo palestino han demostrado, en concreto, la fuerza de las luchas que nacen desde abajo y que crecen en la autonomía de sus propias formas organizativas.
Oponerse a la guerra hoy significa oponerse a una idea de mundo.
Resistirse a la guerra hoy significa luchar por otra idea de mundo.
Contra los cambios que se deben a la guerra no tenemos que oponerles el pasado, sino actuar, arriesgándonos por el futuro que queremos. Ya no son suficientes posicionamientos por principios o gestos simbólicos: sirven acciones concretas.
Podemos oponernos a la guerra y empezar a construir un futuro diferente al mismo tiempo.
Las estrategias bélicas calcan las estrategias de la empresas de los combustibles fósiles: con la guerra la crisis climática está totalmente eclipsada, las lobbies de los combustibles fósiles ha recobrado relevancia, poder y amplios márgenes de maniobra.
Las cadenas de los combustibles fósiles atraviesan nuestros territorios: los ocupan, los destruyen, pero están también al alcance de nuestras acciones. Oponerse al alistamiento en la guerra quiere decir poner en primer plano las movilizaciones y las acciones contra las cadenas de los combustibles fósiles, subrayar concretamente la urgencia de salir del uso de combustibles fósiles a través de modelos energéticos de-centrados, compatibles con el eco-medio ambiento, controlables desde abajo.
Las cadenas de la producción y comercialización de armas también atraviesan nuestros territorios y nuestros puertos: por esta razón están al alcance de nuestras acciones y tienen que convertirse en objetivos prioritarios.
Son estrategias de acción que los movimientos ya han hallado y que se deben fomentar impulsando capacidad organizativa y coordinación común.
Hay que deslegitimar la Comisión Europea y las fuerzas políticas que la sostienen: tienen que asumir sus responsabilidades y responder de las políticas criminales que han llevado a cabo y del enorme saqueo de recursos que ellos llaman rearme, pero no en los lujuriosos salones institucionales, sino en las plazas.
Los movimientos tienen que volver a ocupar el espacio europeo: por esto es necesario que estén bien arraigados en los diferentes territorios de cada uno de los países que componen dicho espacio.
Para que haya un arraigo real, para que los movimientos puedan expresar una planificación que actúe en el presente para forjar el futuro, ante todo es necesario que sean autónomos, autoorganizados, libres de toda táctica político-institucional que continuadamente trata de minar sus recorridos con la intención de homologarlos, hacerlos compatibles, convertirlos en un depósito de votos para la próxima ronda electoral.
A la guerra fundacional tenemos que oponerle la autonomía fundacional de los movimientos.
A la guerra que cambia tenemos que oponerle las luchas que liberan.
Al antifascismo que aúna acciones y movimientos en toda Europa tenemos que darle un nuevo significado, porque el fascismo de esta época de grandes transformaciones no es el de las políticas autoritarias de algunos gobiernos de derechas, sino el de la visión totalitaria que se quiere imponer con la guerra y a la que se alinean los gobiernos, independientemente de su color político y de las diferencias que en los procesos globales en curso siguen siendo marginales e ineficaces.
Si lo que queremos es que nuestros cuerpos no se alisten en esta guerra, tenemos que impedir que se alisten nuestros territorios, nuestras ciudades, nuestro pensamiento, nuestras formas de organización.
Contra todo tipo de alistamiento la herramienta más eficaz es la autonomía de las luchas y de los movimientos.
El 14 de junio estaremos en la movilización que se celebrará en Bruselas.
En un momento como el que estamos viviendo los espacios de expresión que se dan a nivel europeo e internacional son importantes y deben ser intervenidos.
Estaremos con las compañeras y compañeros que con nosotros comparten los contenidos y, sobre todo, el “sentir” de este documento.
Estaremos allí porque los caminos contra la guerra, el rearme, los combustibles fósiles pueden ser al mismo tiempo acción, investigación, experimentación y desafío: estar allí significa dar voz a un pensamiento, entrelazar historias comunes, intentar construir juntos nuevas referencias.
Contra la guerra, el genocidio y la complicidad de la Comisión Europea.
Siamo tutte antifasciste, siamo tutti antifascisti! (¡Somos todas antifascistas, somos todos antifascistas!)
